Venezolanos Marcados: Deportaciones por Puntos y un Show Policial al Estilo Bukele
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Siete venezolanos son enviados a El Salvador bajo sospechas de pertenecer al Tren de Aragua, mientras el gobierno de Trump reactiva una política migratoria basada en puntuaciones subjetivas. ¿Justicia o cacería de brujas?
Desde Washington, USA – Especial para Vierne5.com
En medio de un despliegue cinematográfico digno de Hollywood, el presidente salvadoreño Nayib Bukele presentó ante las cámaras un nuevo grupo de supuestos criminales: 17 hombres, entre ellos siete venezolanos, encadenados, rapados y alineados en una imagen tan poderosa como inquietante. Se les acusa de pertenecer a las temidas pandillas del Tren de Aragua y la Mara Salvatrucha, dos nombres que hoy provocan pánico en toda América Latina.
Pero detrás de las luces y los aplausos por la “mano dura” del régimen salvadoreño, una verdad incómoda comienza a emerger desde Washington: estos venezolanos fueron seleccionados para la deportación bajo un nuevo sistema de puntos aplicado por funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE), una política que resucita los fantasmas de la criminalización migratoria durante la era Trump.
Según la guía interna obtenida por fuentes cercanas a la Alianza Nacional por los Derechos de los Inmigrantes, si un venezolano acumula ocho puntos o más —según criterios arbitrarios como su lugar de origen, tatuajes, redes sociales, o relaciones personales— puede ser clasificado como miembro del Tren de Aragua, aun sin pruebas penales ni juicio previo. La decisión queda a discreción del agente de ICE, lo que abre la puerta a errores, prejuicios y abusos.
Es decir: un joven venezolano con un tatuaje, nacido en Maracay, y con un primo arrestado por robo podría ser etiquetado como “criminal transnacional” y deportado a una cárcel en El Salvador, sin derecho a defensa efectiva ni verificación judicial. Y lo más alarmante: bajo acuerdos recientes entre Estados Unidos y gobiernos aliados de Centroamérica, estos individuos no están siendo repatriados a Venezuela, sino enviados a centros de alta seguridad como el megapresidio salvadoreño, donde el trato es igual para todos: presunción de culpabilidad.
Mientras Bukele convierte sus cárceles en platós de propaganda política y Estados Unidos endurece su mano contra los inmigrantes bajo supuestos protocolos de seguridad, miles de venezolanos corren el riesgo de quedar atrapados entre la narrativa del miedo y la sed de control fronterizo. Sin voz. Sin juicio. Sin justicia.
¿Es legítimo perseguir estructuras criminales como el Tren de Aragua? Sí. ¿Es aceptable generalizar esa persecución a toda una comunidad de migrantes vulnerables, sin debido proceso ni pruebas? Jamás.
Estados Unidos, que se vanagloria de ser cuna de libertades y derechos, no puede permitirse caer en la trampa del estereotipo y la condena preventiva. Porque si basta un formulario y ocho puntos para sellar el destino de un ser humano, el Estado de Derecho ya no existe.
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