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Desde el Jardín de Rosas, Donald Trump desata su mayor ofensiva económica: nuevos aranceles generalizados que podrían redefinir —o colapsar— el comercio global. Una vieja obsesión personal convertida en política de Estado

Desde Washington, USA – Especial para RadioAmericave.com
El sol brillaba en el Jardín de Rosas, pero lo que se cocinaba allí no era paz ni prosperidad: era guerra económica. Rodeado de aplausos cuidadosamente coreografiados por aliados, empresarios nacionalistas y miembros de su gabinete, Donald Trump anunció con orgullo lo que podría ser su jugada más arriesgada hasta la fecha: una nueva ola de aranceles generalizados a una amplia gama de países, incluyendo aliados históricos de Estados Unidos.
En su discurso —mitad celebración, mitad ajuste de cuentas— el presidente recordó su antigua cruzada contra el libre comercio. Desde los años 80, cuando aún era un magnate inmobiliario con ínfulas de estadista, Trump sostenía que los aranceles eran la única vía para “hacer que Estados Unidos vuelva a ganar”. Hoy, en pleno 2025, esa convicción personal se convierte en estrategia oficial y bandera electoral.
“Esto no es solo economía, es patriotismo económico”, dijo Trump con gesto triunfal.
Pero bajo esa retórica populista, lo que se esconde es un experimento de altísimo voltaje. Estos nuevos aranceles —aplicables a sectores industriales, tecnológicos y energéticos clave— podrían desatar represalias inmediatas, encarecer productos básicos para los estadounidenses y tensar aún más la ya frágil red de alianzas internacionales que EE.UU. mantiene con Europa, Asia y América Latina.
Los mercados reaccionaron con inquietud. Wall Street titubeó, los socios comerciales se declararon “sorprendidos” y analistas de todo el mundo advirtieron que este puede ser el primer paso hacia una nueva recesión global. Pero Trump, fiel a su estilo, no titubea frente al riesgo, y de hecho lo convierte en narrativa heroica.
“Los globalistas van a llorar”, afirmó con sarcasmo, aludiendo a economistas, diplomáticos y líderes empresariales que han advertido durante años que la sobredependencia de los aranceles puede aislar a Estados Unidos y debilitar su poder de negociación a largo plazo. Para Trump, ese tipo de advertencias provienen de quienes “quieren ver a América débil”.
El problema es que los aranceles no solo afectan a gobiernos extranjeros. También golpean a consumidores, pequeños negocios y agricultores estadounidenses, quienes ven subir sus costos y perder mercados. La paradoja es brutal: la política que se vende como “protrabajo estadounidense” podría terminar costando empleos.
Lo más revelador del anuncio fue lo que no se dijo: no hay un plan claro de salida. Trump no definió metas concretas, ni ofreció plazos. Solo dejó claro que este es su camino, su legado, su batalla personal contra un mundo que —según él— se ha aprovechado de Estados Unidos durante demasiado tiempo.
Y así, el presidente que construyó su imagen sobre torres de acero y casinos dorados, ahora juega con el delicado equilibrio del comercio global como si fuese una partida más en su tablero personal.
En RadioAmericave.com seguiremos vigilando cada movimiento del poder. Porque cuando las obsesiones personales se convierten en políticas de Estado, los riesgos ya no son de un solo hombre: los paga el mundo entero.
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